Soberbia

Soberbia y estupidez es creer que el hombre puede comprenderlo todo.

Es soberbia y estupidez pensar que la complejidad del universo, de la vida, de la sociedad y del hombre mismo cabe en tu cabeza. Es como si trataras que en el cerebro de una hormiga entrara el concepto del amor.

¿Si yo no veo el árbol entonces no existe? ¿Si no me entero de las matanzas, de las guerras y la injusticia estas dejan de existir? ¿Si soy indiferente a tus sentimientos entonces dejas de sentir?  Tan estúpido como creer en “mi propio Dios”, tan estúpido como ser un necio aferrado a mi propio criterio racional, tan estúpido como creer que, como todos los puntos de vista son válidos todos ellos son muchas verdades.

La verdad es, está ahí y es una. La conozcamos o no,  es una y es absoluta y sería soberbio pensar que puedo conocerla del todo porque conocer lo absoluto sería ser Dios.

Soberbia y estupidez que divide religiones y familias.

Soberbios nosotros los católicos porque pensamos que nadie puede llegar a la santidad en otra religión.

Soberbios los protestantes porque su origen es soberbio, porque rechazan miles de años de tradición por creer que ellos tienen la verdad y son rebeldes en vez de obedientes.

Soberbios los musulmanes que no están dispuestos a escuchar nada más. Soberbia que justifica la guerra santa.

Soberbia es pensar que Dios va a responder al nombre de Dios y no de Alá o Yavhé o Zeus porque al fin y al cabo es el corazón quien lo llama.

Soberbia es la que hace que estemos divididos todos los que buscamos la verdad.

¿Si la lucha es contra el mal y no contra los hombres porqué nos peleamos entre hermanos?

Soberbio el que cree que no necesita a los demás.

Todos podemos aprender de todos hasta del más pecador porque la divinidad está en todos lo hijos de Dios.

Soberbia es pensar que yo soy bueno y el otro es malo

Soberbia es ser malagradecido.

Soberbia pensar que yo soy por mi mismo.

Soberbia, el pecado más antiguo, el primero, el que perdió a Satanás.

Combátelo con humildad

Humildad es vivir necesitando de otros sabiendo que todos son mis hermanos, divinos como yo y que siempre pueden enseñarme algo más, humildad de admitir que no lo sé todo y nunca lo sabré, humildad para recurrir a Dios en toda ocasión. Humildad que justifica la maldad de los demás.

La humildad abre las puertas a la santidad.

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